LA VERDAD COMO VÍCTIMA. Por: Javier Eduardo Lasso Muñoz.

Muchos vimos a Gustavo Petro abandonar abruptamente una entrevista a medio empezar y pensamos que su reacción no fue afortunada. Sucedió el pasado 14 de marzo en el programa de Semana conducido por su directora, la periodista Vicky Dávila.

El hecho produjo una hondonada de críticas, tanto al senador como a la periodista.

¿Qué hizo que Petro, quien está acostumbrado a recibir sendos ataques y acusaciones de todo tipo y que suele salir muy bien librado ante sus colegas políticos y algunos periodistas, se saliera de casillas con Vicky?

Mi percepción al respecto sobre la escapada del programa por parte del precandidato presidencial, tuvo una intención escondida detrás de una evidente molestia y fue ponerla en evidencia. No solo a Vicky, quien ya el país conoce su cruzada por salvar el legado del innombrable del Uberrimo, sino a todo Semana como medio.

Antes de Vicky, Semana se consideraba un medio riguroso y serio. Ella lo convirtió en un eslabón de un partido político: el partido de gobierno. Ella dejó de ser periodista, hace el papel que hizo Goebbels en el Tercer Reich: sobredimensionar los logros, ocultar las fallas, construir relatos (los nazis se propusieron comprobar que descendían de los habitantes de la Atlántida y Semana recurre a informar que Uribe desciende de faraones egipcios) y enlodar a enemigos. Enemigos políticos acá, como Petro, claro.

Las respuestas envalentonadas de Petro no iban dirigidas contra de la periodista, sino contra la activista.

Anteriormente, analistas como Sara Tufano y Jorge Espinosa habían realizado análisis muy juiciosos sobre los medios y la política y su papel en las elecciones presidenciales de 2018. Es claro que la ética periodística ha caído a niveles escandalosos en los últimos años. Hay muy poca diferencia entre los mensajes del gobierno y de los medios como Semana, El Tiempo o RCN. No es extraño encontrar directores de medios con marcadísima agenda política: Vicky Dávila, Néstor Morales, Luis Carlos Vélez, Claudia Gurisatti, como los más destacados.

Estos medios ya no tienen que ver con La Verdad, su objetivo es acumular “likes”, decirles a sus partidarios lo que quieren oir, convertirse en un influencers, en generadores de opinión. La crisis es profunda y una crisis de los medios es una crisis de la democracia misma. En Colombia es el síntoma de una democracia debilitada.

Un ejemplo: Más allá de la noticia o de la información sobre el anuncio de la JEP sobre las ejecuciones extrajudiciales o crímenes de Estado durante el uribato, ¿acaso hubo alguna reflexión en los medios al conocer que el Estado presentó a 6.402 civiles asesinados para causar un efecto de victoria de la Seguridad Democrática durante el gobierno Uribe?; ¿no causó  ninguna autocrítica al saberse ellos mismos, los medios predilectos usados para difundir los partes de victoria a la población, la construcción de esa “verdad” de ir ganando la guerra?

Al saber hoy que dicha “verdad” no fue la verdad real, y que los medios y periodistas como Vicky, lograron fama nacional precisamente por ser quien notificaba a los televidentes cada noche sobre los cientos de muertos que la Seguridad Democrática dejaba como resultado del éxito, fue una construcción de un mito con un propósito político, ¿generó algún acto de contrición, alguna modificación del “manual del periodista” por parte del gremio? No que yo sepa.

Sin una reflexión, sin autocrítica, sin una decisión desde la academia y desde el mismo seno de los medios de comunicación y de sus propios actores, La Verdad será la víctima 6.403 de esta guerra.

Publicado por zabieradmin

Licenciado en Ciencias sociales de la Universidad Francisco José de Caldas de Bogotá, Esp. en Desarrollo y Gobierno Local de la Universidad de Nariño. Investigador social y analista de contextos y dinámicas políticas, sociales y económicas territoriales. Ex Asesor de Paz Departamental de Nariño 2008-2011; Ex Subsecretario Departamental de Gobierno de Nariño 2012 2013; Ex Comisionado Municipal de Paz de Pasto 2016-2019. Poeta, escritor, ensayista, periodista empírico alternativo, Columnista del Semanario VOZ, autor del Libro “Nariño de la guerra a la paz”. Defensor y promotor de Derechos Humanos y de las víctimas del conflicto.

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