FRONTERAS Y CONTROLES TERRITORIALES.  Por Yuri Rosero

Yuri Rosero

La globalización rompió las fronteras en el mundo permitiendo la circulación de mercancías mas no de ciudadanos. La cultura promovió nuevas visiones del territorio rompiendo las lógicas de planos y mapas, los limites y las fronteras siempre imaginarias, se ubicaron sobre las identidades y la relación con el espacio y con el territorio. Mientras las tecnologías se vendían como la oportunidad para acercarnos, para comunicarnos, la nación se sumergía en un atraso tecnológico y de conectividad; cuando se debía cerrar los aeropuertos para evitar la llegada de la Covíd19, priorizando los intereses de Avianca, el gobierno central no ordenó el cierre del Aeropuerto El Dorado generando un fuerte debate con la alcaldesa de Bogotá.

La gente se toma las calles resignificándolas de sentido y color, llenándolas de vida, desbordando la rabia, la tristeza, la soledad que generó el encierro, los toques de queda y la pandemia pero, muy voluntariosos los militantes del Centro Democrático y la derecha obtusa, con una senadora que no entiende que salud y educación son derechos fundamentales, toman la decisión de borrar los mensajes que dejan ver  el sentimiento de inconformidad que se generaliza en los jóvenes pero que también recoge la voz de indígenas, afros, campesinos, hombres y mujeres, colombianos de todas las edades que saben que este Estado puede ser mejor y puede tratar a sus ciudadanos con dignidad y respeto;  el voluntariado que pinta busca cerrar cualquier espacio de participación, de expresión distinto a los canales institucionales, a la imagen y a los contenidos que el territorio nacional impone y maneja como oficiales.

Ellos, los auto elegidos guardianes del territorio, las ciudades, el espacio público y la pulcritud con su visión y su ceguera mental, no logran captar la riqueza y diversidad del país, menos el contenido que emiten los grafitis, murales y mensajes de las voces que piden ser escuchadas; las calles se iluminan de colores y es imposible apagarlas con rodillo y el gris que no representa vitalidad y fuerza.

Mientras algunos miran a Cuba como un espacio para defender la democracia, se cierran los limites departamentales del Valle, y los llaman fronteras, construyen barreras donde no existen y hacen de una lógica político administrativa una línea que separa a los ciudadanos de sus iguales, todo con el único fin de evitar que la gente piense, reflexione, se escuche y planifique su futuro, entendiendo que la participación es una herramienta fundamental de cambio y que juntos, de seguro, lo lograremos.

Soportan así la idea de territorios puros, no diversos “un Cauca para los mestizos y otro para los indígenas” dando cuenta de la mentalidad colonial que soporta su ideología. Los de abolengo, los del poder en las tierras planas de un lado y en el otro, en las laderas, los indígenas, pero eso si todos a pagar los tributos para que esta casta mantenga sus privilegios.

La visión de un territorio para la gente de bien avanza en la mentalidad de la derecha, en donde el centro democrático sería el único partido, copiando el modelo que tanto cuestionan en Cuba, y el que digan desde el  Ubérrimo sería el que lidere a las gentes de bien y los ejércitos de la democracia quienes duermen con armas, las que utilizan para adornar la sala y rompen con el principio de su monopolio para el Estado, pero además educan  a sus hijos en los principios de Tradición, Familia y Propiedad direccionando su ideología a una cruzada que combate el fantasma del comunismo, la excusa para matar la llaman castro chavismo,  pero que en el fondo convierte las ideas de igualdad y libertad en sus enemigos aplicando el principio de asesinar a quienes consideran amenaza para sus creencias y statu quo.

Catalogan de asesinos, terroristas, vagos y vándalos a los otros, a los que ubican fuera de sus valores y principios acomodando cada categoría al momento histórico para justificar la inequidad y la injusticia que construyen desde el gobierno, utilizando el poder a su antojo, desconociendo los principios constitucionales de “Estado social de derecho y equilibrio de poderes”.

El toque de queda ya no apagará el fuego porque son miles de corazones que arden ante la injusticia, la inequidad y la corrupción que enriquece a los amigos del presidente, ya que las mentes, las calles, las plazas se abrieron y miles de voces entonan cantos y gritos de protesta; cerrar “fronteras” genera un  efecto inversamente proporcional, abre el dialogo y la construcción de consensos entre las voces de los que nunca tuvieron voz, imposible acallar a todas así Marta Lucia Ramírez se atreva a afirmar que “los asesinatos son generados por los vándalos”, todos sabemos de qué lado de la línea se disparan las balas asesinas y las bombas que cercenan ojos y dientes; todos sabemos que las ordenes frente a la protesta son acallar y silenciar y los escudos, las gafas y los cascos, de venta libre en el territorio nacional, no se equiparan a las armas que deberían protegernos o que en manos de la “gente de bien” reabren el capítulo del paramilitarismo ya que el nuevo “enemigo interno” está en las calles, alza la voz y exige cambios estructurales para sentirse Ciudadano Colombiano rompiendo fronteras y limites imaginarios que soportan privilegios e inequidades.

La política de guerra que sustenta el discurso de la derecha Colombiana, traspasa las fronteras, no son hechos aislados los que se acumulan y construyen un discurso que presenta a Colombia como el país que irradia violencia desde el gobierno, basta recordar el bombardeo en Ecuador,  la posición  de intervencionismo y las lógicas económicas en MERCOSUR, el  Pacto de Lima y la Alianza del Pacifico  además  del concierto en la frontera para derrocar al presidente de Venezuela,  las actuaciones del embajador de Colombia en Estados Unidos en favor de un discurso similar con es el de Trump,   y los últimos hechos en el magnicidio cometido en Haití dejan mucho que desear sobre un país que vive un largo conflicto interno  y ocupa los primeros lugares en temas de inequidad e inclusión, se asesinan a miles de líderes sociales, empecinada en mantener una guerra contra los cultivos ilicititos retornando a la práctica del glifosato y dejando a un lado los acuerdos de paz.

Publicado por zabieradmin

Licenciado en Ciencias sociales de la Universidad Francisco José de Caldas de Bogotá, Esp. en Desarrollo y Gobierno Local de la Universidad de Nariño. Investigador social y analista de contextos y dinámicas políticas, sociales y económicas territoriales. Ex Asesor de Paz Departamental de Nariño 2008-2011; Ex Subsecretario Departamental de Gobierno de Nariño 2012 2013; Ex Comisionado Municipal de Paz de Pasto 2016-2019. Poeta, escritor, ensayista, periodista empírico alternativo, Columnista del Semanario VOZ, autor del Libro “Nariño de la guerra a la paz”. Defensor y promotor de Derechos Humanos y de las víctimas del conflicto.

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